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Friday, 09 May 08, 08:55 AM · Comments(0)

08.05.08 | El Expreso dio todo lo que tenía y un poco más para entrar por donde no había lugar y dar vuelta un partido tremendo. Con el último suspiro ganó dejando alma, corazón y vida con un gol para enmarcar del Gula Aguirre, y sumó tres puntos fundamentales en la ilusión.


El Pueblo Bodeguero también puso huevo desde la tribuna. Todos jugaron una final.

Los jugadores lo entendieron. Lo aceptaron. Lo asimilaron. Y, sobre todo, lo pusieron en práctica. En la previa contra Aldosivi, en lo más íntimo del plantel, se sinceraron. No venían jugando a la altura de un segundo puesto que todavía mantenían gracias a la bondad ajena. Por eso se miraron entre ellos, sacaron su fuego interior y lo gritaron bien fuerte: quedan siete finales y hay que jugarlas como tal, se dijeron. Terminó el partido con Aldosivi y festejaron. Y vino el partido con Talleres, en Mendoza, con su gente, para confirmar lo hecho en Mar del Plata. Terminó el partido en el Malvinas, y festejaron. Van dos de dos. Quedan cinco.

Pero antes de festejar a pura emoción el triunfazo contra la T, atrás quedaron 90 minutos llenos de las máximas emociones que nuestro pasional fútbol puede brindarnos. Porque comenzó marcha atrás el Expreso, perdido en el campo, sin atacar, partido entre sus líneas frente a un rival que planteó bien las cosas. Pero la complicación no fue exclusivamente futbolística: a los 25 minutos caía al piso el Indio Moreyra, patrón del equipo, motor fundamental que empuja desde atrás, y sólo se levantó para salir lesionado y frustrado. Un minutos después, Algecira recibió un rebote y desde afuera la mandó a guardar por la esquina del arco de Ibáñez. ¿Más? Cinco minutos más tarde, Curbelo, que venía de un mes afuera por lesión, se resintió y salió prácticamente llorando, y dejando al equipo sin otro defensor y sin su garra charrúa. Oldrá rearmó las cosas como pudo. Vallés por izquierda, Salomón por derecha y Franco de líbero. Aguirre moviéndose por todos lados y Solana bien tirado a la derecha. Fabro por izquierda y Garipe con Olmedo en el medio medio. El fútbol no apareció, pero al menos en los últimos cinco minutos la pelota pasó cerca del arco de los corbodeses, y ese era el aviso de lo que vendría en el ST.


Talleres pegó primero con Algecira en un PT muy malo de Godoy Cruz. Se venía la noche.

Porque Talleres desperdició la oferta, y en vez de matar de contra (estaba todo dado para eso), metió la cola muy en su arco, y le dio toda la cancha al Tomba para que se le fuera encima. Entró el Bibi González para formar un tridente ofensivo y todos tenían posibilidad de pasar porque la T no dejaba a nadie arriba. Y fue Godoy Cruz. Fue con fútbol, fue con mil centros, fue abriendo la cancha y chocando por el medio. Cayó interminables veces en posición adelantada, en errores no forzados, en centros pasados o cortos. Pero en una Caruso picó de atrás rompiendo el offside y facturó. El empate trajo tranquilidad con 25 minutos por delante.

Las agujas del reloj, como Godoy Cruz, seguían, y Talleres ni de contra. Monólogo bodeguero de pelota y campo. Prácticamente se jugaba en una sola mitad. Y se filtraban. Entre tanto ir y chocar, alguno se filtraba. El tiempo, impiadoso él, no frenaba ni daba tregua, y parecía que pese al esfuerzo y los huevos la cosa se diluía en empate. Pero no. Quedaba una más. Una joyita más guardada. Una jugada elaborada por aquellos que han nacido para tener la cabeza y el corazón frío cuando la temperatura hierve y la junta de tapas está a punto de estallar. Si está todo cerrado, hay que abrirlo dijeron entre Aguirre y Caruso. El Gula se la dejó ahí al Rifle, que sin ponerse nervioso se la empaló para sobrepasar la línea de defensores y el pelado, de volea, de mediavuelta, con los ojos cerrados, sin importar cómo ni donde, le dio. La pelota superó al arquero y entró. No parecía un gol de triunfo agónico, parecía más bien salido de un 5-0 poniéndole el moño.


El tablero no miente: 49ST y el partido seguía. El sufrimiento, obvio, a la orden del día.

Y ya con mi primo habíamos cambiado camisetas haciendo lo posible para quebrar la racha, y la Ale había largado la intuición de que su corazón tombino le decía que íbamos a ganar en la última, vos también agostaste tus cábalas hasta que una te dio resultado, y en la popu y en la platea todos tenían menos uñas pero cuando el árbitro culminaba el partido a los 50 minutos, ya nada importaba.


Toia pitó el final y se desató el delirio fuera de la cancha, pero dentro también. Todos se quedaron un largo rato cantando por la ilusión.

Porque los jugadores lo entendieron. Lo aceptaron. Lo asimilaron. Y en base a eso hicieron un juramento. Quedan finales y hay que ganarlas como sea. Van dos. Quedan cinco. Sigan así.

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Posted by godoycruzat | Comments (0)
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