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Sunday, 18 May 08, 05:21 AM · Comments(0)

17.05.08 | Godoy Cruz fue a la cancha de Independiente y se bancó el ambiente como el grande que es. Hubo diferencias de jerarquía en la cancha y justificación de posiciones y ambiciones. El gol de David Fernández confirmó que este no es un deporte librado al azar y significó un triunfazo tombino que acerca más al objetivo.


Besalos, David. Con esos botines rojos mágicos de cuento de hadas, Fernández le metió a Independiente tres goles en dos partidos.

Lo habíamos anticipado en la previa. Algunos preferirán llenarse la boca de palabras. Otros preferimos hablar en la cancha. Algunos buscarán galardones entre nebulosas de dudas. Otros logran los éxitos dentro de las canchas. Algunos querrán desprestigiar realidades. Otros confirman con resultados que la envidia es grande.

Godoy Cruz fue, vio y venció. Se paró guapo en el Gargantini con 15 mil hinchas tirando en contra y sintiéndose más visitante que nunca. Pero demostró su grandeza. Demostró que está un paso más que su rival. Dejó en claro quién es quién en esta historia. Y ganó.

Ganó porque fue paciente en un primer tiempo donde estuvo lejos de la pelota, pero que cuando la tuvo la administró medianamente bien. Ganó porque asimiló mejor la expulsión de Moreyra de lo que Independiente asimiló la de nuestro Hormiga De la Vega. Ganó porque en el segundo timpo paseó su jerarquía de pase corto y seguro, de apertura de campo, de juego simple y conciso. Y ganó porque entró David Fernández, guardado para esta ocasión especial, cambiando palidez por otro gol contra la Lepra. Dándole la razón al Gato y demostrando que en el fútbol algunas veces los cabuleros tienen razón. Era el mismo que le había metido dos el año pasado, eran los mismos botines rojos que aquella vez brillaron en el Malvinas, en este partido lo hacían en la casa azul.


Franco ya está en el piso tras meter el cabezazo pasado. Marquitos Barrera salta para corregir la pelota. Y en el centro, detrás de Caruso, aparece el pibe de los botines rojos quien empujará la pelota al fondo de la red.

Y ganó porque con la ventaja a favor administró el partido y puso en jaque al local, que jamás inquietó a Ibáñez ni siquiera cuando Salomón vio la roja en una jugada que quedó más para la compensación que para la justicia. Quizás pudo renunciar al triunfazo en una última bola que pasó ahí del palo del Loco, pero también renunció a humillar a su rival con esos dos manos a mano que el propio Fernández se perdió por querer figurar en las estadísticas antes que pensar en su equipo.

Ganó porque tiene huevos y fútbol. Huevos y fútbol que lo acercan más a otra categoría. Y frente a algunos eso queda muy evidenciado.


Arriba los botines mágicos. Y venga el abrazo de Marquitos con la boca llena de felicidad que se suma al Gula Aguirre.

 

 
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Posted by godoycruzat | Comments (0)
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