Sunday, 04 May 08, 06:26 PM · Comments(0)
03.05.08 | Godoy Cruz se impuso a sus dificultades habituales y logró vencer a Aldosivi en un partido de trámite cambiante. Volvió a la victoria tras cuatro partidos y le sacó 5 a Belgrano que empató el clásico con Talleres.

Los jugadores de GC se funden en un abrazo y los de Aldosivi se lamentan. El Expreso regresó a su camino (foto Diario Los Andes
digital).
Terminar ganando un partido con el corazón palpitando mil revoluciones, sufriendo a flor de piel y rogando que la pelota no se encapriche y termine dentro del arco propio, sin duda alguna tiene un sabor especial. Es el costado masoquista del futbolero tipo, porque ganar por 10 goles de diferencia es lindo, pero ganar por uno con tu equipo metido en el arco sacando a la tribuna cualquier pelota que ronda peligrosa por ahí, es emotivamente distinto.
Y así ganó Godoy Cruz en Mar del Plata, triunfando tras cuatro partidos de amnesia contra un Aldosivi que reaccionó en el complemento y complicó lo que parecía ser simple. Porque recién iban 5 minutos y el arquero Capogrosso no fue ni capo ni grosso y en un saque de arco se la regaló a Caruso, que sin miedo encaró y definió. Más tarde, el goleador bodeguero corrigió un remate de Aguirre y marcó el 2-0 parcial para un Expreso que jugaba bien, confiado, tranquilo y lejos de Ibáñez.
Pero en el segundo tiempo Rebottaro la hizo bien. Mandó a la cancha a Corti y Aimar y con el doble enganche el Tiburón encontró la pelota. En base a estos dos jugadores y mucha presencia de mitad de cancha en adelante, el local se le vino con todo al Tomba, que aguantó hasta donde pudo peligrosamente retrasado.
Descontó Leclerq y empató Cajaravilla. Se veía venir y era justo por lo hecho por ambos. Pero a Godoy Cruz le quedaba un último intento, y estaba en el banco de suplentes. El Gato Oldrá hizo saltar al campo a Ovelar y el paraguayo le devolvió la oportunidad con un gol que entró pidiendo permiso.
Los minutos restantes fueron de puro sufrimiento, defendiedo como sea, con cuantos sea, y tirando la pelota donde sea, lo más lejos posible. Había que ganar, no importaba cómo. Así lo entendieron todos que se rompieron el alma para aguantar la diferencia y festejar el doble con el pitazo final de Raffa.
Porque somos futboleros y somos masoquistas. Y es mucho más lindo ganar por uno con los huevos en la garganta, que ganar por 10 de diferencia sobrando al rival.

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