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Wednesday, 24 October 07, 09:28 PM

A propósito del partido de Showbol que se realizó entre Argentina y Peru, recordé esta historia: 

El club Deportivo Municipal de Perú rompió la alcancía en el año 1998 para pelear el campeonato. A las publicitadas contrataciones del Ghanés Prince Amoako se sumaron la del ex capitán de la U, Roberto Martinez y la del hermano del Diego, Lalo Maradona. El día del estreno, un partido amistoso contra el Platense de Argentina, se impuso una marca histórica, era la primera vez que el Estadio Nacional de Lima presentaba lleno de bandera sin la presencia de la selección, Alianza Lima o Universitario, que son los equipos que atraen multitudes. Algún malintencionado dijo antes del partido que el Muni no tenía 45 mil hinchas ni a lo largo de toda su historia, pero, o se equivocó o en Perú hay demasiados curiosos. 

Municipal formó con Miguelón Miranda (arquero de selecciones); Arakaki (actual seleccionado) y camioneta Olivares como centrales; por los laterales Salas y Ubillus (ambos en su momento seleccionados). Una volante de ensueño: Rodriguez y Amoako en la contención y lo que la prensa bautizó como la dupla “MaMa”, Martinez y Maradona. Adelante Penalillo y el argentino Calcaterra. Y todo comenzaba como en un sueño, el equipo peruano dominaba las acciones y lo mostraba en el marcador. Lalo Anotó y el estadio se vino abajo. El viejo hincha del Muni soltaba las lágrimas sin preguntarse por qué Lalo lloraba de alegría al festejar su gol. Y todo el pueblo cantó Maradooo, Maradooo… 

El resultado sería 3-2 para los peruanos con goles de Maradona, Calcaterra y Amoako. Para Platense descontarían Walter Jimenez y Arbarello. Todo era felicidad. Nada le haría presagiar al sufrido hincha del Muni que el campeonato se encargaría de romperles la ilusión. Maradona no demostró nada en los dos partidos que siguieron y al verse relegado a la banca se peleó con entrenadores y directivos y partió a Canadá. Martinez no rendía en la cancha por  numerosos incidentes de su vida privada (estaba casado con una conocida conductora de television y le ponía los cuernos con quien sería la futura Miss Perú). Municipal al final del año salvó la categoría solamente luego de un repechaje con un equipo que venía de la segunda. Casi ninguno de los jugadores renovó para la siguiente temporada. 

Raúl Maradona se fue a Canadá a jugar fútbol y terminó jugando Futsal. Dicen que tuvo academias de fútbol y que organizaba campeonatos de futsal tanto en Canadá como en Argentina. Lo cierto es que en 2005 apareció como uno de los integrantes del programa Big Brother de España. Al respecto no puedo más que citar a Guadalupe Diego de El Clarín: Pobre Lalo, ¿no? ¿Qué necesidad? … elegir pasar penurias en el exterior pudiéndolas pasar en casa y en familia. Qué raros que somos. Encima irse a buscar un Big Brother... Un tipo como Lalo... Si él, el hermano de Diego, piensa que no tiene un Gran Hermano cerca, señal que estamos listos.”

 

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Posted by gerardonarvarte | Comments (0)

Saturday, 11 August 07, 04:59 PM

La semana pasada estuve en el cementerio Hollywood Forever, en California, y no fui a visitar a ningún muertito. Fui a ver una película. Sé que suena raro, pero desde hace un buen tiempo, los sábados por la noche, el cementerio abre sus puertas para que los visitantes, acomodados entre las tumbas y mausoleos, vean la proyección de una película de terror. El lugar se repleta y las personas hacen picnic sobre los perturbados difuntos. 

Pero esto no es lo peor que le puede pasar a un muerto. En mi país les jugamos fútbol sobre las cabezas. En la ciudad de Chorrillos está la “Cancha de los Muertos”.  

El nombre de este recinto, a diferencia de “El Cementerio de Elefantes”, cancha de Colón, no tiene su origen en la retórica. No es que al que viene aquí lo matamos o algo por el estilo. El origen viene de la historia del terreno, que, según la versión oficial está adyacente a un cementerio municipal. La versión popular, más aceptada por todos, incluso por los más antiguos habitantes del barrio, dice que está sobre el antiguo cementerio.

Pero los moradores subterráneos del estadio (los muertos) no han de estar muy felices con tener partido cada domingo, puesto que si actuaron sobrenaturalmente, fue en contra del equipo local, Deportivo Municipal, que jugando en ese estadio descendió a segunda división en el año 2000. 

Pero Muni está de regreso. El año 2006 volvió a primera división y seguido siempre por su fiel barra “La Banda del Basurero” (nada de retórica aquí tampoco; el club fue fundado por la baja policía de Lima) buscará ser protagonista este 2007.  

Sin embargo, Deportivo Municipal, jugando sobre sus muertos, es perseguido por un fantasma, el de la baja. Hoy por hoy en la tabla acumulada de los campeonatos apertura y clausura peruanos, anda noveno de doce. A dos lugares y cuatro puntos de la zona de descenso. 

Suerte para el Muni. Es el equipo simpaticón. Aquel del que todos somos hinchas cuando nuestro equipo no juega.

 

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Posted by gerardonarvarte | Comments (0)

Tuesday, 24 July 07, 04:21 AM

Uno de los partidos mas memorables de mi club favorito es paradójicamente, una derrota. Pero qué linda derrota. Incluso, tuve que pensar un rato para recordar si ese partido lo habíamos ganado o perdido, porque el resultado fue lo de menos.

Estábamos de visita contra nuestro clásico rival Alianza Lima. Nuestro equipo apareció desconocido en el campo. Íbamos perdiendo 1-0, cortesía de un cabezazo del central José Soto, y nos costaba ir adelante a buscar el empate. Pero cuando ya expiraba el reloj hubo un foul, luego un conato de bronca y en un momento, cuando el árbitro miraba hacia otra parte, ocurrió el acto que se convertiría en leyenda. Si, y yo ahí, en el estadio.

Ahora sí, nada de cuentos, con nombres y apellidos. Jorge Amado Nunes, paraguayo, seleccionado de su país, símbolo de la “U”, sobretodo a partir de ese momento, se cuadra frente a Juan Carlos Kopriva, un argentino grandulón que se convertía en figura del cuadro aliancista. Nunes levanta la guardia, da un pequeño paso con la pierna izquierda y saca un precioso cruzado de derecha que va a parar justo a la mandíbula de Kopriva.

El aliancista se desploma y cae plano sobre el pasto. K.O.

Las tribunas explotan, el campo es invadido por parte de los casi 30 mil hinchas locales enfurecidos y se da por terminado el partido, el equipo visitante escapa con protección policial.

En declaraciones a los medios deportivos luego del partido, Kopriva declara (insólito) que se dejó caer para que el árbitro advirtiera la falta. Y es que algo tenía que decir en su defensa, porque se le vió muy mal. Nunes es por lo menos una cabeza mas bajo y lo durmió de una.

Esta derrota se convertiría en el más grande triunfo de la “U” en ese año y en uno de los partidos más memorables del campeonato peruano. Hasta el día de hoy se pueden ver banderolas en el estadio que retratan el hecho que además es evocado en cada reunión peruana en la que se abran más de tres cervezas.

 

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Posted by gerardonarvarte | Comments (0)

Thursday, 12 July 07, 10:21 PM

Estos cuentos llevan algo de realidad, pero los llamo cuentos porque no pretendo tomarme el tiempo para verificar ningún dato; por tanto la realidad se verá trastornada por un recuerdo inexacto. En otras palabras, lo toman como se los doy y lo llamamos ficción. 

Miki siempre fue suplente en mi equipo, y era bueno, incluso había agarrado selección. Siempre estaba por si acaso, a la sombra de un grande. Y no era cualquier suplente, que en algún momento puedes hacer entrar, era arquero suplente. 

El caso es que, no recuerdo si por lesión o porque no se le renovó al arquero anterior, estaba cuadrado bajo los palos en plena Copa Libertadores. En esta ocasión, una vez superada la fase de grupos, nos tocaban partidos de ida y vuelta contra el DIM colombiano.  

El partido de locales fue heroico. Se ganó dos a uno con un gol nuestro luego de cuatro cabezazos en el área, un contragolpe mortal (de ellos a nosotros)  y de un penal a favor. El resultado era ajustado puesto que Medellín podía ser plaza complicada. 

Corría el año 94 y Colombia (discúlpenme si hiero susceptibilidades) estaba violento. Colombia en general y Medellín en particular. Además estaban bien futboleros. El partido generaba mucha expectativa y la dirigencia del DIM puso precios populares a las entradas. Estadio lleno, señores. 

Cuando el partido iba empatado a cero ocurrió nuestra anécdota de hoy. Un hincha local entra a la cancha y extiende el brazo sosteniendo un objeto que parece una pistola en dirección a Miki, que corre desesperado buscando  protección en la banca de suplentes y se abraza tiernamente al entrenador. El partido se suspendió unos minutos mientras la policía neutralizaba al desadaptado.  

Tres cosas sorprendentes y otra no tanto. Primero: El partido siguió sin que la interrupción acarree consecuencias. Segundo: Según la policía el objeto que portaba nuestro delincuente no era una pistola (como suponíamos todos) sino una billetera.  Tercero: Es la primera y única vez documentada en que un compatriota huye de una billetera; generalmente las perseguimos. Cuarto: Mi equipo perdió, como suele suceder.  

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Thursday, 12 July 07, 03:32 AM

 

Un hecho curioso, de fútbol se escribe muy poco. No me refiero a crónicas deportivas o a noticias, sino a cuentos o ficciones. Quizás sea porque los escritores (yo siempre estereotipando: los negros, las mujeres, los budistas…, los escritores), en su mayoría sedentarios, no le prestan mucha atención al deporte, prefiriendo historias llenas de pasión y aventura que probablemente nunca vivieron;  y los futbolistas, en general, leen muy poco y escriben casi nada. Sin embargo, no tiene por que ser así. Yo, por poner un ejemplo, paso la mitad del día frente a las letras ya sean de un libro, un diario o frente a mi pantalla, luchando contra mi propia creación literaria; pero dedico siempre unas horas al deporte que me apasiona, el fútbol. Si hay que definirme en el deporte, soy un entusiasta. Lo practico dos horas los domingos con muchas ganas y escaso talento. Soy mas bien un hincha a muerte de mi equipo local, uno de esos que iba al estadio y alentaba a su equipo (no lo hago más porque vivo en autoexilio en otro país). Alguien que sigue los resultados y las estadísticas y que calcula fríamente que partidos se tienen que ganar por cuál diferencia de goles para poder levantar la copa esta temporada. La memoria, que embellece los recuerdos, es para mí una fuente abundante de material para escribir. Sin embargo, recién hoy me atrevo. Esta es una historia de fútbol.

En la temporada 1996 el entonces técnico de mi equipo, el finado Don Eduardo, trajo a Adrián, un delantero que venía con pergaminos de goleador. El juego fino no era su característica; le pegaba a la pelota con el pie como con la canilla. Sus extremidades inferiores le servían solo para movilizarse. Su virtud estaba en la cabeza, era alto como una sacuara y las ganaba todas por arriba.  Don Eduardo sabía esto de antemano y aplicó simples matemáticas. Adrián gana la mitad de las pelotas aéreas que lleguen a destino, y de éstas, mete el veinte por ciento. Entonces tenemos que sacar veintiocho centros por partido, que veinte lleguen donde Adrián, unos diez que agarre, mete dos goles y ganamos todos. El asunto fue tal cual. Nunca antes vi a un equipo jugar para un solo jugador, sin ningún tipo de variantes. Por órdenes del entrenador todo debía terminar en centro buscando la cabeza de Adrián. Era la estrategia hasta tal punto descarada que todos los equipos la conocían y la prensa deportiva atacaba la poca creatividad del equipo de mis amores.  

Pero el tipo era un fenómeno. Los rivales, aun conociendo la única herramienta de ataque del equipo, no podian neutralizarla. En la temporada Adrián anotó veinte veces y clasificó al equipo a Copa Libertadores. Adrián se convirtió fugazmente en ídolo de la mitad de los hinchas del equipo (la otra mitad, insensantos, querían que los goles los haga de taquito).

Sin embargo esto no duró mucho. La crisis económica que afectaba al club y el descaro típico de los dirigentes futboleros hicieron que "El Pirata" se vaya por la puerta falsa, azotándola con fuerza, y luego firme por el rival.

Su magia se desvaneció al cambiar de camiseta pues el otro equipo nunca jugaría para un solo jugador y, volviendo a los números, en un partido le sacaban ocho centros, seis le llegaban, ganaba tres y metia un gol cada dos partidos. Nada impresionante.

De todos modos, el recuerdo, siempre embellecido por el tiempo, es el mejor. Gracias Adrián por todos los goles, gracias por cada uno.

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