Wednesday, 21 May 08, 05:05 PM · Comments(0)
No de la manera en que se esperaba, el Manchester United de Tévez y Ronaldo levantó la orejona que todos quieren. La Batalla de Moscú fue batalla literalmente y por penales el Chelsea estuvo a un resbalón de hacer historia.
No podía ser de otra manera la definición. No cabía otra forma. En un partido apasionante al cual sólo le sobró los primeros 15 minutos y el segundo tiempo extra, el Manchester United se consagró campeón de Europa al vencer 6-5 en los penales al Chelsea luego de 120 minutos a pura intensidad.
En los 90 reglamentarios se repartieron un tiempo cada uno, pero en el balance el Chelsea fue mejor. No obstante, en los primeros 45 minutos, los Reds sacaron una luz de ventaja porque Ronaldo fue de menor a mayor por la izquierda. El tándem Rooney-Hargreaves, además, aportaba lo suyo por derecha y a la sintonía solo faltaba Carlitos, algo "separado" del funcionamiento colectivo de sus compañeros. Los Blues tenían la cola entre las patas. Se habían tomado muy en serio eso de que iban de banca y eran en la previa los invitados a la fiesta ajena. Esperando muy atrás, con cero contención en el medio y prácticamente sin ofensiva, los de Avram estaban muy por debajo de las circunstancias.
Por eso no sorprendió a nadie cuando Cristiano saltó más que su marcador y clavó un cabezazo perfecto a un rincón inalcanzable para Peter Cech. Ni tampoco soprendió que el portugués desbordara una y otra vez asistiendo en una a Carlitos para que el arquero se luciera por dos, tapándole el cabezazo al argentino y luego el despeje corto a Carrick. El 2x1 hacía lucir al "uno". Después era Wayne el que metía un centro rasante que Tévez no podía aprovechar por escéptico (en realidad nadie pensaba que esa pelota llegaría a destino).
Pero sobre el final un remate desde lejos que tenía mil piernas por delante se convirtió en la esperanza azul. Un par de rebotes y descolocaciones dejó a Van der Saar fuera de combate y a Lampard frente al gol. Por supuesto que Frankie no desperdició la chance y en el último minuto silenciaba a los ruidosos rojos que no podían creer tan injusto empate.
Ese gol, quizás inesperado, segundos antes del entretiempo, agrandó al Chelsea que en un complemento caliente caliente sacó chapa de finalista justificando ese empate. En medio de codazos, patadones, resbalones y el principio de lo que sería una lluvia torrencial, los Blues se animaron a cruzar el mediocampo y se dieron cuenta que jugarle de igual a igual al poderoso y candidato Manchester no era imposible. Así las acciones se cambiaron de área y, en el recuento de llegadas, los de Avram ganaron la pulseada.
El empate en los 90 minutos dio la sensación de ser el reparto más equitativo teniendo en cuenta que cada uno había tenido un tiempo a su favor. Y el primer tiempo extra fue emotivo, emocionante, con una llegada clara por equipo, mientras que los últimos 15 minutos fueron para los calambres, las peleas, las amarillas por empujarse y la roja a Drogba por cachetear. No había tiempo para más y el dueño de la orejona se discutiría desde los penales. Atrás quedaron los palos que se encapricharon en negarle el gol al Chelsea, los intentos de Tévez, el desgaste de todos.
Ahí Cristiano erró (otra vez) y el resto no. Hasta el último penal, donde Terry se plantó frente a la pelota y en el momento que no debía resbalarse se resbaló, y su tiro se fue por un costado. Los que siguieron a continuación no fallaron, salvo el francés Nicolás Anelka, que se rindió antes de patear y le entregó la pelota a Van der Sar, el Zar de Moscú en la noche copera.
Y fue el Manchester United, nomás, el que se coronó. No de la manera en que se había anunciado. Pero sí tras una final que fue eso: una final, con todo lo que la palabra y su entorno representa.