Thursday, 12 July 07, 08:52 PM
El volante central que hace el trabajo sucio históricamente pasó desaparcibido. Hasta que apareció un tal Javier Mascherano.

Jugando por la derecha convirtió dos goles seguidos: a Paraguay y Perú.
Y se hizo justicia. Pocas veces son reconocidos, por el simple hecho que su fútbol no brilla ni es lindo para los ojos, y son mucho más conocidos por sacar chispas en los tobillos rivales y por revolcarse en pos de recuperar la pelota. Pero llegó el día que los volantes centrales encargados de hacer el trabajo sucio (léase los "cinco" / nº 5) fueron reivindicados por un sólo jugador (disculpen Ustedes queridos amigos: JUGADORAZO). Javier Alejandro Mascherano dejó el anonimato que su posición sugería y hoy todos hablan del Jefecito al mismo nivel que lo hacen sobre aquellos que llenan los ojos con deleites propios del balompié (Román, Messi, Tévez).
Y se hizo justicia, porque es imposible no hablar de un Mascherano enorme, gigante, con un despliegue solidario que no se limita tan sólo a correr durante los 90 minutos, sino que además se encarga de presionar, de inducir al error ajeno, de recuperar millones de pelotas por partido e incluso hasta de marcar goles (lindos goles) como lo hizo contra Paraguay (ojo exacto, pie delicioso) y Perú (¿era una locomotora? No, era Masche) cuando dejó de jugar en el centro y se corrió a la derecha por el cambio Gago x Verón.
Y se hizo justicia. Que Román siga asistiendo con precisión de cirujano. Que Carlitos siga dejando sangre en cada pelota que pelea. Que Messi siga subiendo al pedestal que dejó vacío Maradona, y obligue a las mujeres a olvidarse de su integridad física. Que ellos hagan el juego bonito. Pero que Mascherano (Masquerano, como diría Bilardo) siga siendo el hombre más importante de la Selección Argentina.
Y se hizo justicia.
Respiramos fútbol, analizamos y explicamos los resultados... Todo tiene un por qué, incluso en este deporte de "la dinámica de lo impensado".
