Monday, 16 July 07, 12:02 AM
Y que el resto se conforme por pelear el segundo lugar. La canarinha hizo oidos sordos a los pronósticos de la final y superó claramente a Argentina.

Abbondanzieri y Heinze no puede creerlo. Ayala menos. Gol en contra y 0-2.
Es parte del juego ilusionarse, soñar con torcer la historia, con cambiar el mundo. Es lindo mientras dura la esperanza. Pero en el fondo todos lo sabemos, y siempre lo terminamos aceptando. Brasil es Brasil y no hay con qué darle. Jueguen quienes jueguen y como sea que jueguen, siempre terminan festejando con esas sonrisas iluminadas con dientes blancos contrastando con la piel morena y curtida de un país atacado y sufrido que encuentra ese interminable escape en el deporte donde son reyes absolutamente sobrados.
Y sobrado va a ser la palabra clave, el eje de este análisis de una peculiar final de Copa América, donde el fútbol nuevamente honró ser "la dinámica de lo impensado", y sobre todo fue Brasil quien ejerció esa dinámica impensada. Y nos remitimos nuevamente a "sobrado", porque dio la impresión que Argentina estaba tan pero tan segura de ganar el encuentro, que así jugó: sobrada. Fue un tiqui taca inofensivo, casi sin trotar, que culminó con un sobrado pase de Messi, tan sobrado que quedó corto. Y no hubo vuelta atrás, porque partió el pelotazo para Baptista y ahí sí que no hubo tiqui taca. Freno, remate, y andá a buscarla adentro del arco.
Baldazo de agua fría con tan sólo 4 minutos en el reloj. A la Albiceleste la bajaron de un piedrazo del cielo donde había subido, y el golpe contra el piso fue durísimo, casi imposible de asimilar. Hubo un par de efímeros chispazos fugaces que no alcanzaron más que para asustar con ese tiro de Riquelme que devolvió el palo. Probablemente era otra la historia si entraba esa pelota, problamente no.
Lo concreto que el partido fue claro, incluso monótono. Argentina lateralizando su juego sin variantes para entrar, Brasil abroquelado atrás sin ninguna fisura y expectante para matar de contra. Así llegó el 0-2 que comenzaba a marcar una tendencia, y que ni los cambios del complemento iban a poder revertir. Porque el tridente Riquelme-Messi-Tévez pasó desapercibido, porque Aimar no pudo romper el esquema, y porque Brasil la tenía muy clara.
No hubo dudas de quien fue el mejor, al menos en la final. La Copa venía marcando otra pauta totalmente diferente, pero la verdad se define en un partido. Ahí Brasil fue contundente y no dejó lugar a cuestionamientos.
Nosotros los argentinos seguiremos hablando y llenándonos la boca con nuestras grandezas, seguiremos siendo superiores a todos, seguiremos siendo campeones antes de jugar los partidos, seguiremos siendo los mejores del mundo en todo lo que hacemos. Pero la alegría SIEMPRE es brasilera.