Con Juan Arango se cumple aquello de que nació para ser futbolista. Desde la cuna su destino lo marca una pelota. Sus padres, que prefieren vivir en un barrio maracayero que en la casa que el hijo les compró en una selecta urbanización de Las Delicias, todavía no se reponen de la sorpresa de ver a Juan entre las estrellas de la Liga española. “Todo pasó muy rápido”, confiesan.